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17 de July del 2026 a las 23:09 -
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´A las personas detenidas desaparecidas hay que buscarlas a ellas y buscar lo que ellas buscaban´
Rubén Olivera presentó su obra en la Casa de la Cultura y propuso un profundo debate sobre la memoria, las deudas del Estado y los desafíos frente al capitalismo tecnológico.
Rubén Olivera presentó su obra en la Casa de la Cultura y propuso un profundo debate sobre la memoria, las deudas del Estado y los desafíos frente al capitalismo tecnológico.

En Casa de la Cultura de Mercedes se llevó a cabo la presentación del libro “Cuando el pasado deja de ser reciente”, de Rubén Olivera. La actividad fue organizada por la Comisión Memoria, Justicia y contra la Impunidad de Soriano y contó con la participación del autor junto al periodista Salvador Neves, integrante del semanario Brecha y editor del texto. Las prosas que componen la obra, nacieron originalmente como contratapas en dicho semanario.

Durante el encuentro, Rubén Olivera expuso las motivaciones del libro destacando la la vigencia de la temática en las nuevas generaciones, desmitificando la idea de que los jóvenes están ajenos al tema: "A veces dicen que los gurises están por fuera, pero cuando voy a los liceos y pregunto quiénes tuvieron en la familia algún acontecimiento en relación a la dictadura o pre-dictadura, empiezan las manitos a levantarse. Mi abuelo, mi tía, sé que un pariente del cual no se habla mucho”, señaló.

 

 

El declive de los conceptos tradicionales

Uno de los ejes centrales de la disertación fue el análisis temporal y conceptual del término "pasado reciente". Olivera planteó un paralelismo numérico: si se calcula el período de las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX bajo la influencia de la CIA —comenzando en 1954 con Paraguay y Guatemala, pasando por Brasil (1964), Bolivia (1971), Chile y Uruguay (1973), Argentina (1976) y terminando con la salida de Chile en 1990— se contabilizan 36 años. Coincidentemente, desde 1990 hasta el presente año 2026, han transcurrido exactamente otros 36 años.

A partir de esta simetría, Olivera argumentó que las fórmulas tradicionales de derechos humanos enfrentan un desgaste. “Todos esos conceptos —Memoria, Verdad, Justicia, Reparación, Nunca Más— tienen un período de inicio que explica la realidad, un período de desarrollo, y quizás un período de meseta y un período de declinio que ya no explican la actualidad. Si uno solamente se dedica a repetirlos —que está correcto y hay que seguir hablando de esto— viene el problema de si el mayor mérito que tengo es la coherencia y la tozudez con que repito, contra el negacionismo, ciertas cosas que considero verdades. Es necesario elaborar nuevos pensamientos”.

 

 

Autocrítica y la búsqueda de la utopía

Olivera planteó una fuerte hipótesis respecto a la evolución de la militancia post-dictatorial, señalando que buena parte de los sectores que salieron de la dictadura sintieron el deber de militar por la justicia, pero se volcaron hacia una llamada democracia que antes era criticada. "Quizás las autocríticas que se hicieron fueron bastante condescendientes", agregando que la energía concentrada en combatir el negacionismo aplacó la necesidad de buscar nuevas ideas para continuar la utopía.

Para ilustrar este punto, Olivera citó su concepto de cabecera: “A las personas detenidas desaparecidas hay que buscarlas a ellas y buscar lo que ellas buscaban. Buscarlas a ellas tiene que ver con pelear contra el negacionismo, buscar datos y completar casilleros vacíos. Pero también hay que buscar lo que ellas buscaban, sus proyectos y utopías”.

 

 

Un estado crónico que trasciende partidos

Olivera fue categórico al señalar que la pelea por la verdad ha costado tanto a gobiernos de derecha como de izquierda, convirtiéndose en un "estado crónico" que la sociedad asimila con demasiada condescendencia. Cuestionó críticamente por qué el Estado uruguayo, a más de 40 años de la dictadura, sigue evaluando bajo qué órdenes abrir o revisar los archivos militares.

Asimismo, contextualizó este problema a nivel internacional, mencionando la falta de recepción a las madres por parte de Claudia Sheinbaum en México, o los límites de la justicia en Brasil, donde las amnistías resultaron en el procesamiento de una sola persona. Recordó también las complejidades locales de la década de 2000, cuando las investigaciones sobre el pasado quedaron en manos de los propios mandos militares de la época (como Tabaré Daners, Pedro Barneix y Jorge Bonelli), ironizando sobre "las zorras cuidando a las gallinas".

 

Hacia la historia de la humanidad

En el tramo final de su discurso, el autor vinculó estos dolores históricos con el contexto geopolítico actual, marcado por el avance de proyectos reaccionarios en Estados Unidos y la influencia de corporaciones tecnológicas y de inteligencia artificial aplicadas al control social, mencionando a figuras como Peter Thiel y Alex Karp. Olivera advirtió sobre los peligros de que los datos ciudadanos sean utilizados como mecanismos de poder y vigilancia, y cómo sectores del poder económico global impulsan la idea de que la democracia falló y deben ser las empresas las que dirijan los países.

Frente a este panorama, concluyó con una reflexión sociológica esperanzadora, invitando a superar lo que definió como la prehistoria humana: A nivel de sociología se dice que todavía vivimos en la prehistoria de la humanidad: la etapa de la competencia, del mal reparto de los bienes que son de todos. En algún momento, socialmente, vamos a pasar a la historia de la humanidad: la etapa de la colaboración y de la solidaridad. La gran pregunta es con qué conceptos nuevos habría que manejar esta realidad”.

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