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(escribe prof. Alejandro Carreño T.) Antauro es hermano del expresidente Ollanta Humala, condenado el 15 de abril de 2025, junto con su mujer, Nadine Heredia, a quince años de prisión por el lavado de activos agravado. De acuerdo con el fallo judicial, el expresidente recibió dineros de Hugo Chávez y de la empresa brasileña Odebrecht para financiar sus campañas presidenciales de 2006 y 2011. En todo caso, Ollanta no era idiota como su hermano Antauro. Corrupto es una cosa; idiota es otra cosa bien diferente. A los corruptos, por lo menos en Perú, se les condena; no así a quienes son imbéciles como Antauro.
Humala, el idiota, tiene 62 años. Es exmilitar y político fundador del movimiento “etnocacerista”, cuya ideología es ultranacionalista e indigenista. Pero, sobre todo, antichilena. El ultranacionalismo tiene como símbolo la figura de Andrés Avelino Cáceres, militar y político, héroe de la resistencia durante la Guerra del Pacífico y dos veces presidente del Perú. Pero Humala fue también un golpista. Su intento de derrocar el gobierno de Alejandro Toledo, el 1 de enero de 2005, le valieron más de 17 años de cárcel: (2005-2022).
Ese mismo año 2022, en una entrevista al diario La Tercera, Humala, el idiota, declaró que había planteado “la idea de que Perú recuperara Arica y Tarapacá” y que “recién entonces habrá una hermandad real con Chile”, se lee la edición del 2 de mayo pasado en el mismo medio chileno. ¿Por qué traer a colación esta información de hace cuatro años? Porque ahora, Antauro Humala, el idiota, habló de recuperar ambas ciudades declarando la guerra a Chile. Un pasado resuelto por ambos países hace tantos años.
“Como nacionalista que soy yo aspiro a recuperar Tarapacá y Arica. Mantendría el litigio pendiente del triángulo terrestre. En algún momento, como etnocacerista y fundamentalista del patriotismo, el Perú debe reivindicar en los hechos Tarapacá y Arica. Por la vía diplomática o por la vía armada”, declaró al medio Perú 21, el mismo 2 de mayo. Dijo, además, que el candidato izquierdista, Roberto Sánchez Palomino, lo nombraría ministro de Defensa si ganaba la segunda vuelta el próximo 17 de junio frente a Keko Fujimori.
Por cierto, prontamente, Sánchez Palomino se distanció de tales declaraciones, en un tuit del mismo 2 de mayo: “Las supuestas declaraciones hecha por Antauro Humala sobre las relaciones con Chile, de ser ciertas, son de su absoluta responsabilidad. No representan la posición ni el programa de Juntos por el Perú ni la mía. En absoluto”. Supuestas o no, distanciado o no, las palabras de Antauro Humala, un político enfermo de odio y de ideologías extemporáneas, no solo es un riesgo para la democracia peruana (la intentona golpista contra Toledo, conocida como “Andahuaylazo”, no fue la primera).
Antes, el 29 de octubre del año 2000, junto con su hermano Ollanta, intentaron el derrocamiento de Alberto Fujimori: acompañados por un grupo de otros golpistas, asaltaron una instalación minera en Locumba, Tacna, exigiendo la renuncia del presidente). Es decir, late en su sangre el espíritu antidemocrático, golpista y totalitario. Es un riesgo, también, para la paz latinoamericana, para la convivencia pacífica entre los pueblos. A este Humala, el idiota, no le interesa el pueblo peruano.
Para satisfacer sus egocentrismos fanáticos y delirantes, no duda ni por un instante llevarlo a una guerra. Pero, ni el pueblo peruano ni el pueblo chileno piensan en guerra. Nuestros pueblos quieren paz y mirar juntos el futuro. Crecer en armonía acompañados por los otros pueblos latinoamericanos, y juntos, todos juntos, enfrentar los desafíos de un mundo complejo y competitivo, en el que solo los hombres inteligentes, audaces y emprendedores podrán encaminarlos hacia un desarrollo que alivie las urgencias que demanda nuestro continente.
Personas como Antauro Humala, el idiota, no tienen cabida en este mundo.
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