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En las afueras de Dolores, donde el verde del paisaje ofrece un respiro a la rutina urbana, funciona el Centro Juvenil, la única institución de su tipo en la ciudad dedicada exclusivamente al acompañamiento de adolescentes. Bajo la coordinación de la Licenciada Vanessa Vidal, el centro se ha consolidado como un pilar para jóvenes en situación de vulnerabilidad, ofreciendo no solo talleres y apoyo en los estudios, sino un entorno donde la convivencia y el trabajo manual recuperan terreno frente a la dependencia tecnológica. En diálogo @gesor Vidal detalló cómo logran que 45 jóvenes dejen sus dispositivos móviles en la oficina para integrarse en proyectos de carpintería, deporte y estudio, fortaleciendo el hábito de la atención sostenida y el encuentro cara a cara.
¿Qué es el Centro Juvenil? ¿Cómo funciona?
-”El Centro Juvenil, es el único en la ciudad de Dolores. La población atendida son adolescentes de 12 a 18 años. Y el trabajo es un apoyo a lo que es la educación formal.
El horario de atención nuestro es de 14 a 18 horas, de lunes a viernes. Y ellos realizan talleres a elección.
También reciben apoyo pedagógico, talleres a elección y el servicio de merienda es opcional”.
¿Cuál es el perfil de los chiquilines?
-”Primeramente se priorizan aquellas situaciones de vulnerabilidad.
Dolores es una ciudad chica, así que esto va de boca en boca, y ellos llegan por aquellas situaciones judicializadas, derivadas de otro centros educativos, o también por familias que se acercan como para saber cómo es el funcionamiento. Con esto que el adolescente pueda realizar es un taller.
¿Viene funcionando desde hace varios años?
-”Comenzamos a funcionar entre los años 2019 y 2020.
Ya con la pandemia se tuvo que hacer más en modalidad virtual. Y después, de forma periódica, fue dentro de entrevistas o espacios que eran controlados. Fue como paulatinamente, progresivamente, hasta que logró un funcionamiento normal.
Y siempre se hacen proyectos nuevos. La idea es hacer una propuesta cada tres años”.
Supongo que este trabajo lo hacen con los adultos referentes, con la familia. Que es un trabajo coordinado y pensado también con ellos en base a las necesidades de los chiquilines.
-”Sí, nosotros el trabajo siempre es de coordinación. Y se tiene en cuenta primeramente la edad del adolescente. Siempre se cooridna con la familia. La familia también se incorpora a las distintas actividades.
Hay participaciones comunitarias, actividades también en el Centro Juvenil. Por ejemplo, en el Día de la Familia se realiza el trabajo, ya sea el proyecto de carpintería plástica. Que la familia pueda hacer algún trabajo con los adolescentes. Eso se lo llevan a su domicilio, se coordina con otros centros educativos.
Pero es un trabajo que requiere de muchas coordinaciones. Y primeramente se tiene en cuenta el adolescente”.
¿En base a la demanda que han tenido, ¿ven la necesidad de ampliarlo, o de multiplicarlo en otros puntos de la Ciudad de Dolores?
-”Nosotros contamos con un espacio, estamos a unos pocos kilómetros de la Ciudad de Dolores. Más o menos a dos kilómetros, por ruta 96, donde funcionaba el ex Hogar Infantil. Y como tenemos un parque, mucho espacio verde, contamos con un predio que ayuda al funcionamiento.
Entonces no requerimos la necesidad de otros espacios. Tenemos atención para adolescentes, al día de hoy tenemos un poquito más, estamos en 45, pero tenemos una estructura que directamente permite la organización y la funcionalidad del hogar sin dificultades”.
En este tiempo donde los chiquilines están muy pegados a la tecnología, al celular, a la inteligencia artificial, a lo informático. ¿Cómo hacer para tentarlos, para convidarlos a participar de propuestas que son manuales? Que son más bien tradicionales.
-”Bueno, eso es un tema. Ya el año pasado lo habíamos implementado, optamos por talleres. Ellos empiezan a las dos de la tarde. De 2 a 3. Tienen un espacio de socialización. Se les permite más el uso libre del celular. Jugar con los compañeros del parque. A veces optan más por el fútbol.
A veces hay talleres que son de 3 a 4. Ahí sí los celulares se guardan en oficina. Quedan siempre.
Ellos ya tienen como el hábito de dejar el teléfono. Más que nada para que sea una atención sostenida. Que el celular no dificulte.
Ahora no hay ningún taller, o en situaciones puntuales sí se usa. Para buscar alguna imagen. Algún apoyo pedagógico”.
¿Funciona ese sistema? Porque en los Liceos está en discusión si dejar el celular antes de entrar a clase o no.
-”Bueno en nosotros sí funciona. De 3 a 5 en la tarde, sin celular. Sabemos que hay alguna emergencia o algo está el personal, y ahí la familia se va a comunicar directamente. Y después ellos de 5 a 5 y media en horario de recreo pueden hacer uso del celular. O si quieren jugar a la pelota y otros juegos también; conversar con los compañeros.
Entonces eso ayuda a que ellospuedan trabajar, integrarse con compañeros, sin el uso del celular. Porque sabemos que al día de hoy hay mucha dependencia. En esto que ellos vayan agarrando el hábito.
Entonces es algo que se está implementando para el buen funcionamiento”.
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