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El hombre debe saber de dónde viene para saber adónde va
215 años del Grito de Asencio y la vigencia de una conciencia histórica que aún interpela a la Banda Oriental
215 años del Grito de Asencio y la vigencia de una conciencia histórica que aún interpela a la Banda Oriental

(escribe: Sergio Pérez)

Cuando en el reino de España nunca se ponía el sol
la noche del coloniaje no alboreaba en América.
¡Entonces1811 inventó un amanecer de medialunas
para el cielo de los tupamaros!
Osiris Rodríguez Castillos

“Así escribió Osiris Rodríguez Castillos, y en esos versos condensó una imagen que trasciende la poesía para convertirse en síntesis histórica: la irrupción de una voluntad colectiva que decidió alumbrar su propio horizonte. El Grito de Asencio, del que hoy se cumplen 215 años, fue precisamente eso: un amanecer inventado por hombres de campaña que supieron reconocerse protagonistas de su destino.
La conmemoración invita a detenernos en una pregunta esencial que atraviesa generaciones. “El hombre debe saber de dónde viene para saber adónde va”, recordaba la Revista Histórica de Soriano en su número extraordinario de febrero de 1961, publicado con motivo del Sesquicentenario de Asencio. Aquella afirmación, tomada de Amiel, no es una consigna ornamental; es una declaración de principios para toda comunidad que aspire a comprenderse a sí misma. Conocer el origen de nuestros gestos fundacionales permite dimensionar la responsabilidad que implica habitarlos.
En su editorial, la Revista señalaba que era “hora de que Soriano conozca en su real magnitud la verdad de su pasado”, y asumía la tarea de historiar “todas las alternativas que rodearon tan magno acontecimiento”, utilizando incluso material inédito. Ese esfuerzo por reunir documentos, imágenes de casas y cosas viejas, nombres y trayectorias personales, respondía a una conciencia patrimonial temprana: preservar la memoria para constituir un acervo común al que las generaciones futuras pudieran recurrir con fidelidad mayor que la frágil memoria oral.
El Grito de Asencio fue definido como una “rebelión incomparable”, una “admirable alarma”, en palabras de Artigas. La expresión encierra una potencia singular: alarma no como miedo, sino como sacudimiento que despierta. “Ninguna revolución americana llegó a expresar con tanta pureza la voluntad de un pueblo que toma las cartas en la mano y asume por sí mismo la realización de su destino”, consignaba el texto de 1961. Esa pureza radicó en su origen campesino, en la fuerza que brotó desde los campos de Soriano hacia las villas y ciudades.
Mitre, citado en aquellas páginas, subrayaba el carácter inverso de la revolución oriental respecto de otros procesos americanos: mientras en Buenos Aires la revolución comenzó en la capital y se proyectó hacia la campaña, en nuestra Banda Oriental fue “de los campos de Soriano de donde brotó el impulso revolucionario”. Esa inversión del eje tradicional del poder constituye un rasgo identitario profundo. La campaña, tantas veces considerada marginal, emergió como matriz política.
“Es un pueblo el que despierta”, afirma el capítulo titulado La admirable alarma. La frase no exagera. La rebelión de febrero de 1811 fue el resultado de una conciencia colectiva que, aun careciendo de recursos y apoyos formales, supo articular una acción coordinada. Rodeados de peligros y huérfanos de respaldo institucional, los gauchos de Soriano asumieron una empresa que parecía reservada a ejércitos profesionales. Allí se gestó una revolución democrática en su impulso inicial, encabezada por el instinto popular y sostenida por la adhesión de las masas rurales.

REVISTA HISTÓRICA DE SORIANO
AÑO I — FEBRERO 28 DE 1961 — Nº 3
EDITORIAL
La REVISTA HISTÓRICA DE SORIANO publica este número extraordinario como homenaje a los patriotas que hace ciento cincuenta años iniciaron el movimiento revolucionario en la Banda Oriental.
Se historiarán en este número todas las alternativas que rodearon tan magno acontecimiento, procurando abarcarlas en una visión amplia y pormenorizada y utilizando todo el material, en parte inédito, de que actualmente se dispone.
Es hora de que Soriano conozca en su real magnitud la verdad de su pasado, y es con ese afán que emprendimos nuestra tarea, pensando, con Amiel, que “el hombre debe saber de dónde viene para saber adonde va”.
Junto a ese estudio, publicamos un profuso material gráfico de casas y cosas viejas de Soriano, por salvarlas del olvido y de la destrucción e ir constituyendo así un acervo al que todos podremos recurrir de aquí en adelante con más fidelidad que a la simple memoria a que generalmente se confían.
Y no quisimos dejar pasar la ocasión de recordar también algunas de las personalidades cuya actuación en el departamento durante el siglo pasado las hace merecedoras de esa clase de homenaje. Lista que no pretende ser completa, sino índice de un siglo en el que se cumplieron actividades tan fundamentales.
Este número se publica bajo los auspicios del Comité del Sesquicentenario de Asencio, distinción que nos honra en grado sumo y que nos ha permitido darle a la REVISTA HISTÓRICA DE SORIANO una presentación material digna del acontecimiento que se conmemora. Debemos extender nuestro agradecimiento al Concejo Departamental y a la Comisión Municipal de Cultura por el apoyo de todo orden que le prestaron a nuestra empresa, al Museo Histórico Nacional, a la Biblioteca Nacional, al Archivo General de la Nación y al Juzgado Departamental por las facilidades que le concedieron a nuestra labor, así como a todas aquellas personas, imposibles de nombrar sin incurrir en omisiones, que de una manera u otra contribuyeron a la mejor confección de este número.


EL GRITO DE ASENCIO: SUS ANTECEDENTES
Difícil resulta acertar con la palabra exacta, con una versión fiel y reveladora, ante aquella rebelión incomparable, “admirable alarma”, como la llamara magníficamente Artigas, conocida entre nuestros fastos históricos con el nombre de Grito de Asencio. Ninguna revolución americana, en efecto, llegó a expresar con tanta pureza la voluntad de un pueblo que toma las cartas en la mano y asume por sí mismo la realización de su destino. Rodeados de peligros, carentes de recursos, huérfanos de apoyo y contando solamente con el fervor incontenible de su coraje, los gauchos de Soriano —porque fueron ellos y casi solamente ellos los actores de aquel incomparable episodio— supieron llevar a cabo con desbordada bizarría una hazaña que parecía reservada para fuerzas más organizadas y experimentadas. Como lo dejara dicho Mitre en sus apuntes, aún inéditos, para su proyectado libro sobre Artigas, en tanto la revolución de Bs. Aires empezó en la capital —la de Montevideo empezó— en la campaña. Fue una revolución democrática, que encabezó el instinto popular, a que respondieron todas las masas, que empezó en la campaña, en las aldeas a lo último, en Belén, primero y luego en un pueblito que se llamaba la Capilla Nueva que hoy es Mercedes.
“Ningún hecho anterior a la revolución —dice Mitre más adelante— revela la existencia de esa fuerza oculta de las campañas, sino el baldaje de la Banda Oriental. Las conmociones habían sido en las ciudades; para extenderse a la campaña. En nuestra Banda fue al revés: fue de los campos de Soriano de donde brotó el impulso revolucionario; y fue solo después de quebrantar la empecinada resistencia que le opusieron los europeos de Mercedes, primero, y los de Montevideo después, que el espíritu de liberación se extendió sobre todo nuestro territorio. Se cumplía así por adelantado la consigna que habría de enunciar Martí: ‘Sin duda la libertad verdadera, si ha de venir, llegará desde el fondo de los campos, bárbara y ciega, para barrer con la esclavitud, la servidumbre intelectual y la mentira opulenta de las ciudades vendidas’.”


LA ADMIRABLE ALARMA
Cuesta sofocar la emoción que sentimos nacer en nosotros al relatar hechos de tanta trascendencia. Es un pueblo el que despierta. Es un pueblo el que, contando apenas unos pocos decenios de vida, se siente de pronto llamado a decidir por sí mismo la realización de su destino. Y a ello concurren todos, poderosos y humildes, como si la patria hubiera ya adquirido una razón de ser que no puede resultar menoscabada por las diferencias entre las categorías sociales en que se encuentra dividida. ¡Cuánta razón tuvo Artigas al llamar “admirable” a aquel sacudimiento! Porque nadie podía prever tan extendida unidad e ímpetu tan arrollador en una campaña que parecía desperdigarse en estancias y en poblaciones espaciadas, plagada de vagos y bandidos, secuestrada virtualmente por una potencia extranjera que solo se preocupaba por su propio bienestar y por la prosperidad de sus hijos europeos. Relatar esos hechos requiere tal vez una lejanía y una amplitud homérica, la visión desligada del poeta que abarca verdad y emoción en una misma mirada integradora. Somos herederos demasiado cercanos y directos de aquellos magníficos rebeldes, como para pretender alcanzar tan solemne objetividad. Nuestra tierra parece hervir todavía de esas pasiones, nuestro suelo retumba todavía bajo el galope de las mesnadas insurrectas. La voz de Artigas, no bien escuchada ni siquiera en nuestros días, parece estar aún imponiendo orden y predicando justicia a ese pueblo —a este pueblo— que no sabe orientar sus arrebatos ni conformar la acción a una moral condigna. Somos, aún, los insurrectos de Asencio, envueltos aún en sus sagradas deficiencias, decadidas, tal vez, y pormenorizadas en una humilde sucesión de deserciones cotidianas. Y grande sería nuestra dicha —no digamos ya nuestra gloria— si evocando aquellas horas turbulentas, nos acercamos un poco más a la hora de la justicia y de la fraternidad, a ese destino superior a que Artigas nos predestinó y al que ya no podemos renunciar sin renunciar al mismo tiempo a lo que somos.

Proclama
EL VIRREY DE ESTAS PROVINCIAS A LOS HABITANTES DE TODA LA CAMPAÑA DE LA BANDA ORIENTAL DEL RÍO DE LA PLATA.
“Vecinos de toda esta campaña, las intrigas y sugestiones de la desesperada Junta de Buenos Aires os han precipitado en el proyecto más disparatado y criminal. Retiraos a vuestras casas a gozar de vuestra tranquilidad; no se os perseguirá; de otro modo vuestra ruina, y la de vuestras familias es certísima. La Junta de Buenos Aires ni quiere, ni puede daros los auxilios de soldados y armas que os promete, porque ni los tiene, ni puede pasar expedición alguna por el río, que no sea desbaratada por los muchos barcos armados con que le tengo inundado; pero aunque alguno escape ¿de qué os sirve? Mirad que a mi sola orden entrarán cuatro mil portugueses, y con la expedición que ha salido a la campaña, cogidos entre dos fuegos ni podéis escapar, ni entonces os valdrá el arrepentimiento: todavía ahora tenéis ocasión; retiraos, os digo otra vez a vuestros hogares, y si no me obedecéis pereceréis sin remedio, y vuestros bienes serán confiscados”.
Montevideo, marzo 20 de 1811. — Xavier Elío.

La proclama del virrey Xavier Elío, fechada el 20 de marzo de 1811, buscó desactivar ese movimiento mediante la amenaza y la promesa de perdón. “Retiraos a vuestras casas a gozar de vuestra tranquilidad; no se os perseguirá… de otro modo vuestra ruina, y la de vuestras familias es certísima”, advertía. El documento revela la conciencia que el poder colonial tenía sobre la magnitud del levantamiento. La mención a cuatro mil portugueses listos para intervenir y a la confiscación de bienes muestra que la alarma no era retórica: la campaña había encendido una chispa que preocupaba seriamente al orden establecido.
Frente a esa intimidación, la voz poética de Osiris responde con ironía criolla y convicción histórica: “Pa’ mi que los chapetones / ya nos cuentan redotaos / y es que no han cáido en que somos / pocos… ¡pero bien montaos!”. La imagen del gaucho bien montado sintetiza movilidad, destreza y determinación. El número reducido deja de ser debilidad cuando se combina con coraje y conocimiento del territorio. La poesía, en este caso, actúa como memoria cultural que traduce la épica en lenguaje popular.

Cielo de los tupamaros
Dice Hamid Nazabay: “Este cielito está referido al gaucho oriental en toda su dimensión histórica y épica. Fue compuesto en 1959 para la infortunada y no concretada película Ismael, a la que hicimos referencia. Osiris y Eustaquio Sosa fueron quienes reflotaron esta forma musical y poética, propia de nuestro país. Hasta este entonces no se habían escrito cielitos desde la época de Bartolomé Hidalgo, ni tampoco se habían compuesto musicalmente desde mediados del siglo XIX (aproximadamente), donde se utilizaban en su forma bailable, sobre todo en los salones, o como una de las partes en la forma musical del estilo.
El nombre Tupamaro se debe a que los “godos” (españoles) llamaban así despectivamente a los gauchos rebeldes (en 1811) y estos identificados con la grandeza del cacique Tupac-Amaru, contrajeron con orgullo el mote. El asesinato de este cacique, era muy cercano en el tiempo (1781) para los gauchos orientales y por ello toman el nombre.
Esta canción fue prohibida en el período dictatorial, puesto que había dado nombre a otros que (también) luchaban oponiéndose al poder detentado por ciertas cúpulas. Osiris declaró que nada tenía que ver con el hecho, pero que de todas maneras lo enorgullecía. Prohibir la canción era una estupidez, puesto que había sido compuesta bastante antes y hasta se cantaba en las escuelas por su temática histórica. De todas maneras la ignorancia y el miedo llegan hasta hoy; en pleno año 2000, me encontraba en una audición radial cuando a uno de los cantores allí presentes le toca el turno de cantar, este anuncia que interpretará Cielo de los Tupamaros. Inmediatamente la conductora del programa decide ir a una tanda y al regreso de la misma comenta que el cantor no cantará, porque se le ha roto una cuerda...
Paradojalmente cantores para nada identificados con la izquierda, como Eduardo Falú y Julia Elena Dávalos, versionaron esta canción; además Osiris en 1943 ya tenía un caballo llamado Tupamaro, según declaró en una oportunidad en la Revista Folklore (Nº 33, 1962). Con esto no se pretende juzgar a la conductora, la cual cumple una función difusora muy importante, sino al sistema simbólico opresor que opera sobre las diversas prácticas cotidianas y/o colectivas en “plena” democracia.
Este tema ha sido grabado por varios de los principales intérpretes de Osiris [Anselmo Grau, Eduardo Falú, Carlos Di Fulvio, Numa Moraes, Víctor Velázquez]. Una de las mejores versiones, por lo vocal y guitarrístico, la realizó Yamandú Palacios. También fue grabada por Los Carreteros, Voces de Mayo, Los Boyeros, Ricardo Collazo y en una singular adaptación instrumental en arpa, por Aníbal Sampayo, entre otros.
A 215 años del Grito de Asencio, el desafío consiste en comprender que estos textos —históricos y poéticos— no pertenecen a un pasado clausurado. Forman parte de una tradición viva que interpela nuestra manera de habitar el presente. Si somos herederos de aquella “admirable alarma”, también somos responsables de sostener una conciencia crítica sobre nuestra identidad y nuestros destinos colectivos. Conocer de dónde venimos no es un gesto nostálgico; es una tarea cultural permanente que orienta cada decisión hacia el horizonte que elegimos construir.

Fuentes
Revista Histórica de Soriano. (1961, 28 de febrero). Revista Histórica de Soriano (Año I, Nº 3, número extraordinario con motivo del Sesquicentenario del Grito de Asencio). Ariel S. A.
Nazabay. (2009). Osiris Rodríguez Castillos: Pionero del canto popular (1ª ed.). FONAM.



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