agesor
. . . . .

Municipio de Dolores
coopace
Proyecto memoria
kechu fletes
@gesor es de acceso completamente gratuito para nuestros lectores, pero si quieres apoyar nuestro trabajo con un donativo, te damos dos opciones, la primera de un único pago de U$S2 (dolares americanos dos) o la segunda con una suscripción de U$S1 (dolares americanos uno) por mes, la que puedes realizar en pagos mensuales o un pago anual.

El equipo de @gesor agradece desde ya vuestro aporte, el que nos permitirá seguir creciendo y brindando cada vez más contenido.
Pago
Opciones de suscripción
Si quieres colaborar con un monto distinto, por favor contacta con info@agesor.com.uy indicando el monto con el que quieres colaborar y te haremos llegar el formulario de pago.
MonedaCompraVenta
38.05 41.05
0.05 0.35
7.23 9.23
40.54 45.39
El Observador El Pais La Juventud La Diaria La Republica El Telegrafo
.
Síguenos Síguenos Canal Instagram
27 de February del 2026 a las 21:08 -
Tweet about this on Twitter Share on Facebook Share on LinkedIn Pin on Pinterest Email this to someone
Patrimonio e historia local: investigar ´en´ para no quedarse en el reflejo
En la jornada de este viernes 27 de febrero, a un día de la conmemoración del 215.º aniversario del Grito de Asencio, se desarrolló en la Casa de la Cultura “José María Martino Rodas” (Mercedes) la segunda instancia del curso de aproximación a la investigación en historia local.
En la jornada de este viernes 27 de febrero, a un día de la conmemoración del 215.º aniversario del Grito de Asencio, se desarrolló en la Casa de la Cultura “José María Martino Rodas” (Mercedes) la segunda instancia del curso de aproximación a la investigación en historia local.

(Escribe,  Sergio Pérez) La clase estuvo a cargo de los docentes José Estevez e Irene Taño, y tuvo un eje nítido: pensar el patrimonio como problema histórico, como selección social, y como campo de disputas —antes que como un inventario de “cosas valiosas” dadas de una vez y para siempre.

Uno de los puntos de partida fue metodológico: cuánto puede decir una imagen si dejamos de mirarla como ilustración. La fotografía de la plaza —con la catedral al fondo y un conjunto de marcas urbanas que suelen pasar inadvertidas— sirvió para mostrar que el dato no está solo en los “personajes” retratados, sino en lo que el encuadre deja ver (y en lo que oculta): trazados, jerarquías del espacio público, símbolos, remodelaciones, conflictos por sustituciones y copias, capas superpuestas de tiempo. Trabajar con imágenes, en historia local, exige asumir que la ciudad también es un archivo, pero un archivo desigual: conserva y exhibe ciertas memorias mientras borra otras.

Desde ahí se ingresó a la cuestión conceptual: bien cultural, patrimonialización, patrimonio cultural, natural e inmaterial. La idea central, repetida y discutida, fue contundente: todo patrimonio es un bien cultural, pero no todo bien cultural deviene patrimonio. Ese pasaje no es automático ni inocente: implica selección, legitimación y un dispositivo institucional (normas, comisiones, declaratorias). En Uruguay, esa traducción suele expresarse en la figura del Monumento Histórico Nacional, que muestra con claridad un sesgo histórico de larga duración: la preferencia por lo monumental, lo arquitectónico, lo excepcional y lo asociado al poder. La pregunta que incomoda —y por eso sirve— no es si una catedral “merece” ser patrimonio, sino qué condiciones hacen que una catedral sea patrimonializable y, al mismo tiempo, por qué otras materialidades (viviendas obreras, infraestructuras menores, memorias populares) quedan fuera o entran tarde.

Las diapositivas de la jornada ayudaron a ordenar esa discusión con una cronología conceptual: siglo XIX (monumento–historia–nación), siglo XX (entre guerras y posguerra), fines del siglo XX y siglo XXI (expansión del concepto), y debates actuales. En esa trayectoria se comprende el giro del “viejo modelo” —restringido, elitista, centrado en lo material y en el valor artístico/excepcional— hacia un “nuevo modelo” de patrimonio cultural más abierto, generalista, atento a bienes materiales e inmateriales, ampliado al paisaje y con una dimensión autocrítica (porque el patrimonio enseña tanto como oculta). En términos simples: pasamos de la obra aislada al espacio vivido; del monumento inmóvil a un territorio que se usa, se transforma y se discute.

Esa transformación se entiende mejor si se acepta otra tesis fuerte presentada en clase: el patrimonio es una tradición selectiva. Es polisémico y contextual; funciona como construcción social (Prats) e incluso como invención; “domestica” el pasado para darle propósitos al presente (Lowenthal). Por eso no “preexiste” como objeto neutral ni puede estudiarse como si fuera una cosa objetiva e independiente: debe analizarse como fenómeno, con actores, intereses, instituciones y lenguajes de legitimación. De hecho, el mapa institucional mostrado en las diapositivas —hegemonía, ideología y teoría— sugiere que la patrimonialización nunca es meramente técnica: es un modo de ordenar sentidos comunes, establecer jerarquías culturales y producir consensos.

En paralelo, se trabajó el riesgo clásico en historia local: el localismo. Una diapositiva lo formuló con claridad: estudiar “en” un lugar no equivale a confirmar procesos generales ni a repetir lo ya sabido; tiene sentido cuando lo local introduce lo irrepetible, lo específico, y pone en cuestión evidencias de la historia general. Pero también se advirtió el peligro inverso: convertir lo local en incomparable, interesante “solo para nativos”. En consecuencia, una investigación en historia local debería proponerse algo exigente: que su objeto pueda interpelar también a quien, de entrada, no siente atracción por ese territorio. Ahí aparece la necesidad de teoría: no para “adornar” el relato, sino para construir problemas, escalas, comparaciones y preguntas.

Finalmente, la jornada incorporó una herramienta decisiva para la historia local: la historia oral. A partir de Portelli, se insistió en que las fuentes orales no se reducen a su transcripción: importa su forma (emisión, tonos, volúmenes, entonación, pausas) y su narratividad (la “velocidad narrativa”, el tiempo otorgado a los acontecimientos). En otras palabras: la oralidad no solo aporta información, también muestra sentidos, posiciones, silencios, y relaciones entre lo social y lo personal. Para quienes investigan comunidades concretas, esta advertencia es crucial: el archivo vivo tiene densidad propia y exige un método de escucha.

Queda, entonces, una conclusión de trabajo: el patrimonio —en Soriano, en Mercedes, en Cardona, en Dolores— no es un listado cerrado ni una vitrina de prestigios, sino un campo donde se juegan identidad, memoria, afectividad, apropiación y salvaguardia (como sintetizaba la diapositiva basada en Carmen Curbelo). Investigar historia local, si pretende ser algo más que devoción por lo cercano, tiene que entrar ahí: en la selección, en las disputas, en las instituciones, en los usos (incluido el turismo), y en la pregunta incómoda que atraviesa todo: qué decide una sociedad recordar cuando decide patrimonializar, y qué costo tiene lo que deja afuera.



(252)

A los lectores de @gesor que realizan comentarios, en particular a quienes ingresan en la condición de incógnito, no se molesten en hacer comentarios ya no son publicados debido a que no dejan registro de IP ante eventual denuncia de alguna persona que se sienta dañada por ellos.
Igualmente reiteramos lo que hemos escrito en anteriores oportunidades, que pueden referirse con la dureza que se entienda pertinente pero siempre dentro del respeto general y no discriminando ni agraviando, o con expresiones que de alguna manera inciten a la violencia. Los comentarios son una herramienta maravillosa que debemos preservar entre todos.

Quiere comentar esta noticia?

* Campos obligatorios
* Nombre:
* Correo Electrónico:
* Comentario:
* Caracteres

AGESOR - Soriano - Uruguay // (todos los derechos reservados )

powered by: Daniel Castro 2026
WordPress Appliance - Powered by TurnKey Linux