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(escribe Sergio Pérez) El día de hoy tuvo lugar la primera jornada del curso de Educación Permanente “Aproximación a la investigación en historia local”, desarrollado en el marco de las actividades 2025-2026 de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en la sala de la Casa de la Cultura “Prof. José Martino Rodas”, la cual dejó en evidencia que el debate historiográfico contemporáneo atraviesa con fuerza el territorio. Más de veinte participantes, mayoritariamente de Soriano y en especial del interior departamental, se congregaron para reflexionar sobre una pregunta que marcó el tono del encuentro: ¿qué significa investigar la historia local en el siglo XXI?
Lejos de una aproximación meramente descriptiva, la propuesta académica —impulsada por el Instituto de Ciencias Históricas, la Tecnicatura Universitaria en Bienes Culturales y el grupo “Claves del siglo XIX en el Río de la Plata”— se inserta en un proceso sostenido de actualización metodológica en distintas regiones del país . El curso se articula con la Región Suroeste de la Universidad de la República y dialoga con antecedentes desarrollados en Mercedes, Melo, Florida, Colonia del Sacramento y Carmelo, consolidando una línea de trabajo que entiende la investigación histórica como práctica territorial situada.
El programa explicita con claridad su fundamentación: la historia local ha crecido en las últimas décadas al incorporar la espacialidad como elemento central de los procesos históricos . Esta afirmación supone abandonar la idea de lo local como escala menor o subordinada y asumirla como dimensión analítica capaz de interrogar procesos más amplios. En esa clave, Soriano aparece como un escenario estratégico, tanto por su tradición historiográfica —con el Instituto Histórico y Geográfico activo desde 1958— como por el contexto del bicentenario de la segunda etapa de la revolución de independencia.
Uno de los ejes teóricos abordados en clase giró en torno a la reorientación producida por la historia social. Las diapositivas proyectadas fueron contundentes: rechazo del Estado como objeto exclusivo del análisis histórico; abandono de las historias nacionales que consolidaron proyectos de construcción estatal sobre estructuras coloniales heredadas; interés por realidades omitidas en esa narrativa nacional idealizada, incluyendo pueblos indígenas y otros sujetos históricamente marginados.
Este desplazamiento conecta con las categorías propuestas por Peter Burke al distinguir entre “historia tradicional” y “Nueva Historia”. La primera centrada en la política, en la narración de acontecimientos y en la perspectiva de las élites; la segunda abierta a cualquier actividad humana, interesada en estructuras, en todos los grupos sociales y en una diversidad de fuentes. El concepto de “heteroglosia” —la coexistencia de voces diversas y opuestas— sintetiza esa apertura epistemológica.
En ese marco, la historia local se redefine como espacio donde se tensionan evidencias, se formulan preguntas específicas y se complejizan interpretaciones. Una de las citas trabajadas durante la jornada lo expresó con nitidez: estudiar “en” no implica confirmar procesos generales. El objeto localizado no es una repetición de lo ya sabido, sino un ámbito que puede cuestionar certezas consolidadas desde la historia general.
El riesgo del localismo fue señalado con precisión. Convertir los objetos en incomparables y exclusivamente interesantes para los “nativos” limita su potencia analítica. La investigación académica, por el contrario, debería aspirar a interesar también a quienes no sienten una conexión inmediata con el espacio delimitado. Lo local, bien trabajado, dialoga con problemas más amplios y trasciende su geografía inmediata.
Las diapositivas dedicadas a “Enfoques y problemas” subrayaron tres cuestiones centrales: la construcción de identidades, los riesgos de reducir la historia local a mero reflejo de procesos mayores y la importancia de la teoría para la investigación histórica. Esta última dimensión resulta decisiva. Sin teoría, la acumulación de datos carece de densidad interpretativa. Con teoría, el territorio se convierte en laboratorio.
El programa del curso explicita objetivos concretos: brindar herramientas para la búsqueda, registro y análisis de fuentes cartográficas, manuscritas, prensa, fotografías, audiovisuales y testimonios , así como contribuir al registro y documentación de acervos y bienes patrimoniales vinculados al departamento de Soriano. La dimensión práctica del curso refuerza su vocación transformadora.
El diseño curricular incluye contenidos que van desde la introducción a las escalas espaciales hasta experiencias de historia local, pasando por archivos, cultura material, musealización y patrimonio cultural . Esta estructura confirma que la investigación histórica contemporánea no se reduce a la lectura de documentos oficiales, sino que integra múltiples registros y soportes.
La bibliografía considerada también resulta reveladora. Autores como Marc Bloch, Peter Burke, Serge Gruzinski, Lila Caimari y Llorenç Prats, entre otros, ofrecen marcos conceptuales que atraviesan historia regional, microhistoria, teoría historiográfica y patrimonio cultural. La inclusión de trabajos metodológicos y reflexiones sobre microanálisis señala una orientación clara hacia investigaciones de alta densidad interpretativa.
En términos institucionales, el curso está dirigido a universitarios, docentes, historiadores locales, funcionarios vinculados a la cultura y público interesado , con una carga horaria de treinta horas presenciales más trabajo individual y evaluación mediante trabajo final escrito . La modalidad combina reflexión conceptual y producción concreta de conocimiento.
Desde la gestión cultural, esta iniciativa tiene implicancias profundas. Fortalecer la investigación en historia local significa robustecer los procesos de patrimonialización, mejorar la formulación de proyectos para llamados concursables y consolidar una base académica sólida para intervenciones culturales en el territorio. La memoria colectiva requiere método y teoría.
La jornada dejó una conclusión evidente: investigar lo local implica asumir una responsabilidad intelectual. No basta con describir el pasado inmediato; es necesario interrogarlo desde categorías analíticas exigentes, reconocer la pluralidad de voces y evitar tanto la simplificación nacional como el encierro localista.
En un contexto donde las identidades se debaten entre pertenencias territoriales y narrativas globales, la historia local ofrece una herramienta poderosa para comprender procesos complejos desde escalas concretas. Cuando el territorio se convierte en objeto de análisis crítico y no en simple escenario, la cultura gana profundidad y el patrimonio adquiere nuevas dimensiones.
El impacto de esta formación se proyectará en investigaciones futuras, en registros documentales más rigurosos y en una discusión pública mejor fundamentada sobre el pasado. La historia local, trabajada con teoría y método, deja de ser una curiosidad periférica y se consolida como campo central en la producción contemporánea de conocimiento histórico.
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