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“Ayer se disolvió la DICYT-MEC y finalizó mi cargo de Director. Parte de las funciones que desarrollaba la DICYT pasarán a la órbita de Presidencia.
En lo personal, no continuaré con tareas en el Gobierno y retorno a mis funciones como Profesor de la Facultad de Ciencias”, expresó el prof. Gonzalo Tancredi en sus redes sociales haciendo pública su renuncia tras la disolución de la Dirección Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología. “No voy a ocultar que me da pena y dolor dejar esta tarea, porque quedan muchos desafíos por delante.
Siento el deber ético y político de hacer conocer mi opinión sobre el proceso de reordenamiento del sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Ya que si bien se pueden reconocer avances, hay muchos errores a corregir”.
Agregando “se abre una nueva etapa, y seguiré siendo parte activa desde otros roles, como desde hace varias décadas”. Adjuntando una nota donde expresa sus opiniones, que reproducimos a continuación:
Ante la supresión de la DICYT y la finalización de mis tareas de gobierno
Al inicio de este período de Gobierno, fui convocado para estar al frente de la Dirección Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación y Cultura (DICYT-MEC).
En la Ley Presupuestal se resolvió la supresión de la DICYT, y la creación de la Secretaría de Ciencia y Valorización del Conocimiento en la órbita de Presidencia. Gran parte de los cometidos de la DICYT pasan a la nueva institucionalidad; pero se ha resuelto discontinuar lo que se venía realizando, y el cargo de Director de DICYT será reemplazado por el de Secretario de Ciencia.
Los que me conocen, saben que no callo mis opiniones. Digo y milito por lo que pienso. Si no seguiríamos teniendo 9 planetas en el Sistema Solar, y no 8 como a partir del 2006. Por tanto, hago pública mi opinión.
Durante los 9 meses de gestión al frente de la DICYT, se logró dar gran visibilidad al organismo. Se llevaron adelante multiplicidad de iniciativas que le han dado a la DICYT una fuerte presencia institucional, tanto a nivel nacional como internacional. Se hicieron contribuciones relevantes al proceso de reorganización de la CTI.
Con el aporte de los funcionarios, elaboré un informe de todo lo actuado, que se puede encontrar aquí.
Me voy a referir a continuación a la situación que se genera a partir de la aprobación de la Ley Presupuestal: la nueva gobernanza que se está creando.
La Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) tomó importante relevancia en el período presente, colocando a las políticas de investigación e innovación en un ámbito central del Gobierno. Un paso muy favorable. Sin embargo, el tratamiento de los artículos de CTI no han logrado los amplios acuerdos que hubiéramos esperado en este tema; tanto por parte de la oposición, como de sectores del partido de Gobierno y de amplios sectores académicos. En Diputados los artículos de CTI fueron aprobados con tan solo 55 votos en 99 (y con comentarios muy críticos aún de los diputados de la oposición que dieron su voto). Además, han habido fuertes declaraciones contrarias de varios referentes académicos como Udelar e Investiga uy, así como manifestaciones de muchos investigadores. Se perdió la oportunidad de hacer de las políticas de CTI, una política de amplio acuerdo nacional, una política de estado de largo aliento.
¿Que se ha terminado creando en la Ley Presupuestal?
La Ley formaliza el Programa Uruguay Innova (U+I), y crea una Secretaría de Ciencia y Valorización del Conocimiento. Una estructura bicéfala, que separa la innovación de la investigación, y que en la práctica deja subsumida la investigación a visiones productivistas, acotando su contribución a la mejora de la competitividad. Al ser un programa, U+I no tendrá continuidad y es muy posible que se borre de un plumazo próximamente; y la Secretaría de Ciencia se crea debilitada, sin demasiada institucionalidad, repitiendo el error de la creación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología del anterior gobierno del FA. No voy a ahondar en las razones que llevaron a esta formulación, pensada en función de las personas y no las instituciones. El producto es una institucionalidad débil, con muy poco acuerdo político y social.
¿Cuál es el problema principal del nuevo diseño?
No estamos creando una institucionalidad que perdure más allá de un período de gobierno. Gran parte de la comunidad académica era partidaria de la creación de un Ministerio de Investigación e Innovación, tal como lo propusimos desde la asociación Investiga uy. Pero sabíamos que era una propuesta que no había logrado los consensos del sistema político y no estaba incluido en el programa Gobierno. Por eso en lo personal, me pareció que, como una solución transitoria, se podría crear una Secretaría de Investigación e Innovación, que le dé articulación y conducción a todo el ecosistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Noten la denominación que entendía se debería haber utilizado: Secretaría de Investigación e Innovación. En cambio, se crean dos estructuras con una jerarquía indefinida, en consonancia con modelos de gobernanza que planteaban sectores del anterior gobierno.
Si bien a través de U+I se avanzó en la articulación entre las organizaciones promotoras de la investigación e innovación, las Agencias, ha faltado diálogo con otros actores, especialmente las instituciones de investigación, y las y los investigadores. Las críticas a los artículos del Presupuesto que vinieron de ese sector, en especial lo referente al diseño institucional y a los cambios en los organismos de contralor y asesoramiento, son un claro ejemplo. Varios referentes, incluyendo algunos que participaron del proceso, hicieron saber sus críticas; pero sus comentarios no fueron atendidos. Los intensos debates parlamentarios sobre los artículos de CTI de la Ley también remarcaron la falta de diálogo.
¿Cuáles son los desafíos futuros?
El nivel de desacuerdo generado con esta institucionalidad quedó de manifiesto con el artículo 73 de la Ley Presupuestal, incorporado a último momento en la Cámara de Senadores. En el referido artículo, se encomienda al Poder Ejecutivo y al CONICYT “la elaboración en conjunto de un proyecto de ley integral sobre el diseño institucional del Sistema de CTI”, en un plazo de 120 días, prorrogable por 60 días más. O sea, los cambios introducidos se revisarán en el correr de 2026.
Este cambio abre la puerta para repensar un diseño institucional que logre articular y conducir a todo el sistema de investigación e innovación, y que perdure más allá de un período de gobierno. Se debe lograr un equilibrio entre la promoción de la innovación y de la investigación. Debemos integrar estos ámbitos, creando una institucionalidad única con iniciativa propia y capacidad de conducción, con agenda, con reconocimiento y respaldo de quienes hacen la investigación y la innovación en el país: las y los investigadores, sus instituciones y las empresas.
Debemos lograr que los temas de investigación e innovación sean una política de amplio acuerdo nacional; y para ello debemos lograr un amplio respaldo político y académico, que trascienda a los partidos de gobierno y oposición, y a la diversidad de actores académicos y empresariales.
Debemos generar las confianzas mutuas, que hasta el momento no se han alcanzado.
No podemos seguir armando diseños institucionales que no logren vastos consensos.
Porque las políticas de promoción de la investigación e innovación son centrales para el desarrollo del país. Y en su diseño y ejecución debe promover se y respetarse la participación de todos los actores relevantes del sistema. Hay una importante tarea por delante.
Por ese camino seguiremos trabajando.
Gonzalo Tancredi
ex-Director Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación y Cultura
Profesor Titular de Udelar
Investigador Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores
1° de Enero de 2026
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