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La luthería dijo presente en Buenos Aires
Un oficio artesanal que trasciende fronteras y se afirma en la identidad cultural del Río de la Plata
Un oficio artesanal que trasciende fronteras y se afirma en la identidad cultural del Río de la Plata

(escribe: Sergio Pérez) Dos destacados luthiers uruguayos, Pablo Adib y Sebastián Arias, participaron este fin de semana en la Exposición de Instrumentos Musicales organizada por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Lanús, en Buenos Aires. La cita reunió a constructores, músicos y estudiantes de la región en un evento que se consolida año tras año como espacio de referencia para la luthería y la industria musical argentina.
La presencia de ambos artesanos orientales marcó un hito para la luthería nacional, que se abrió paso en un escenario académico y cultural de gran proyección. Para ellos, fue una oportunidad de mostrar guitarras construidas en talleres uruguayos y, al mismo tiempo, conocer de cerca otras corrientes y estilos.

Conversar con un luthier significa entrar en un universo en el que confluyen ciencia, arte y sensibilidad. Cada decisión técnica implica también un posicionamiento cultural y estético. El testimonio de Pablo Adib sobre esta experiencia permite recorrer no solo el desarrollo del evento, sino también el trasfondo de la luthería uruguaya, sus desafíos y su proyección regional.
El encuentro en Lanús fue la octava edición de un espacio ya consolidado dentro del calendario cultural argentino. Allí se dieron cita constructores de instrumentos de distintos puntos del país, junto a músicos, docentes y estudiantes que convirtieron la exposición en una verdadera vitrina del oficio.

La invitación a participar llegó de la mano de Ariel Amarillo, reconocido luthier argentino con escuela en Banfield, a quien Adib conoció durante la pandemia a través de cursos virtuales. Ese vínculo de formación y amistad se convirtió en la puerta de entrada para que Uruguay tuviera presencia en la muestra.
La experiencia fue compartida junto a Sebastián Arias, otro luthier uruguayo que viene desarrollando una trayectoria sólida en la construcción de guitarras. Juntos representaron al país en un espacio donde la tradición luthierística argentina está ampliamente desarrollada. “Es un gran honor que te inviten, que valoren tu trabajo en otro país. Uno se siente orgulloso de que lo que hace pueda estar a la altura de los instrumentos que allí se presentan”, expresó Adib.

El intercambio permitió contrastar estilos y enfoques. En Argentina predomina una escuela de guitarras con estética moderna, más despojada en su ornamentación, mientras que Adib y Arias se mantienen cercanos a la tradición española artesanal, con marqueterías y diseños clásicos. Esta diferencia revela que la estética de un instrumento es también una declaración cultural.

Adib llevó dos guitarras de cuerdas de nylon, especialidad en la que centra su producción. Una de ellas, construida en caoba de Honduras y pino abeto, seguía el plano Hauser de 1937. La otra, en acacia negra con plano Fleta, representaba una apuesta innovadora: se trata de una madera que ha comenzado a utilizarse en Uruguay para la construcción de instrumentos, aunque aún resulta poco conocida en Argentina. “Queríamos mostrar la acacia negra como alternativa local. Mucha gente se acercó a preguntar y se sorprendía al escucharla. Fue un gran interés”, relató.

La elección de esta madera no fue casual. Cada especie porta una sonoridad particular, pero también un sentido cultural. Trabajar con materiales locales refuerza una identidad regional de la luthería. La acacia negra se convierte así en emblema de innovación dentro de la tradición, un signo de cómo la luthería oriental dialoga con su entorno natural y lo proyecta hacia escenarios internacionales.

Arias, por su parte, expuso guitarras de cedro amazónico, lo que amplió la propuesta uruguaya y permitió mostrar variedad en estilos y sonoridades. Entre ambos lograron que el stand compartido con Amarillo y su equipo fuera de los más visitados durante la muestra.

El público superó las expectativas. Aunque es difícil calcular con exactitud, se estima que asistieron varios miles de personas, especialmente durante el sábado. El evento se desarrolló en una vieja estación de tren reacondicionada como salón universitario, lo que le otorgó un marco patrimonial singular. Ese cruce entre historia ferroviaria y creación musical reforzó el carácter cultural de la exposición.

Una de las dificultades señaladas por Adib fue la imposibilidad de evaluar con precisión la sonoridad de los instrumentos acústicos debido al ruido general, en un espacio donde convivían guitarras eléctricas, bajos y baterías. Aunque se habilitaron salones para pruebas en silencio, la mayoría de los asistentes prefirió probar las guitarras en el mismo ámbito de exposición.

Más allá de esa limitación, la experiencia resultó altamente enriquecedora. “Conocimos a Rodolfo Cucculelli, un histórico de la luthería argentina. Para nosotros, que sabemos quién es y lo que representa, fue un honor conversar con él”, cuenta Adib. Ese contacto con referentes y colegas consolidó la dimensión social del evento: la exposición no fue solo un espacio para mostrar guitarras, sino una ocasión para generar amistades, vínculos profesionales y aprendizajes compartidos.

La participación permitió también abrir un debate técnico en torno a dos de los modelos más influyentes en la historia de la guitarra clásica: los planos Hauser y Fleta. La guitarra Hauser, inspirada en los diseños de Antonio de Torres, se caracteriza por una tapa más gruesa y un abanico de siete varetas. Ignacio Fleta, en cambio, desarrolló un diseño con nueve varetas, doble barra armónica y disposición asimétrica, lo que genera un sonido más brillante y con ataque inmediato.

Adib ha trabajado con ambos modelos y observa que Hauser ofrece bajos profundos y equilibrados, mientras que Fleta resalta el brillo y la inmediatez de la pulsación. Estas diferencias, sin embargo, no son absolutas: algunos músicos prefieren la calidez de Hauser, otros se inclinan por la claridad de Fleta. Para el luthier, cada plano abre un camino estético y técnico que se va ajustando con la experiencia.

El vínculo con maestros y referentes ha sido clave en esta búsqueda. Marcos Labraga, a quien Adib reconoce como uno de los grandes nombres de la luthería oriental contemporánea, lo orientó hacia la exploración del plano Fleta para guitarras de cedro. La transmisión de saberes entre luthiers constituye una cadena cultural que asegura la continuidad del oficio, al tiempo que habilita la incorporación de innovaciones.

En Uruguay, la luthería ha crecido en los últimos años, aunque sigue siendo una práctica minoritaria. Pese a ello, la calidad de sus exponentes le ha permitido ganar reconocimiento internacional. El gran desafío es acercar a los músicos a las guitarras artesanales. Según Adib, muchos desconocen la diferencia sonora respecto de los instrumentos de fábrica hasta que tienen la oportunidad de probarlos.

“Cuando un músico prueba una guitarra artesanal, se sorprende por la riqueza armónica y el equilibrio. Es un descubrimiento que cambia la percepción del instrumento”, afirma. El vínculo entre luthier e intérprete es esencial: la guitarra cobra sentido pleno cuando entra en diálogo con quien la toca. El proceso de construcción incluye escuchar al músico y adaptar la sonoridad a sus necesidades.

En este sentido, Adib rescata una enseñanza de Ariel Amarillo: invitar al intérprete a traer su propia guitarra para comparar en iguales condiciones. Solo así puede percibirse con claridad la diferencia entre un instrumento de serie y uno artesanal. La comparación, en un mismo ambiente y bajo las mismas circunstancias, permite valorar lo que significa el trabajo manual y la búsqueda sonora de un luthier.

Para Adib, “militar la luthería” implica difundir esa diferencia, generar conciencia en músicos y público sobre el valor cultural del instrumento artesanal. La expresión refleja un compromiso: no se trata solo de construir guitarras, sino de promover una cultura.

Mostrar instrumentos en Argentina representó, en este sentido, llevar parte de la identidad uruguaya. Cada guitarra condensaba horas de trabajo, saberes transmitidos y una tradición en constante renovación.

La experiencia refuerza, además, la necesidad de impulsar políticas culturales que reconozcan la luthería como patrimonio inmaterial. Entendida como patrimonio vivo, la construcción de guitarras no se limita a la producción de objetos musicales, sino que integra un tejido cultural que involucra a músicos, públicos, instituciones y memorias colectivas.

El encuentro en Lanús fue la demostración de que la luthería uruguaya tiene voz, calidad y capacidad para dialogar con el mundo. El regreso dejó aprendizajes técnicos, vínculos humanos y nuevas perspectivas. Como todo oficio artesanal, el camino requiere paciencia y dedicación, pero cada intercambio suma legitimidad y fortalece el movimiento.

La voz de Pablo Adib resume el sentir de muchos luthiers uruguayos: un oficio que, aunque minoritario, crece y busca consolidarse en el mapa cultural rioplatense. El desafío está en seguir construyendo puentes entre músicos y artesanos, entre tradición e innovación, entre Uruguay y la región. Cada guitarra artesanal que nace en un taller oriental es también un aporte al patrimonio cultural y a la identidad musical del país.

Y como toda obra de arte, trasciende a su creador para convertirse en patrimonio colectivo. La luthería es un lenguaje que une, transmite y proyecta. Participar en una exposición internacional no es solo un logro personal: es un paso más en la construcción de un camino colectivo que merece ser apoyado, difundido y valorado.

La experiencia de Pablo Adib y Sebastián Arias en Lanús refleja cómo la luthería uruguaya dialoga con tradiciones y estilos diversos, afirmando su identidad y proyectándose al mundo como patrimonio vivo que necesita del compromiso de músicos, instituciones y sociedad para seguir creciendo.

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