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02 de July del 2013 a las 12:54 -
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¨En asambleas teníamos un policía presente¨
A 4 décadas del golpe (V): Así lo expresó el dirigente histórico del Centro de Papeleros de Mercedes, Don Julio Arroyo, agregando que en el período dictatorial, ¨ni en el cementerio nos dejaron hablar para recordar a compañeros muertos en la f
A 4 décadas del golpe (V): Así lo expresó el dirigente histórico del Centro de Papeleros de Mercedes, Don Julio Arroyo, agregando que en el período dictatorial, ¨ni en el cementerio nos dejaron hablar para recordar a compañeros muertos en la f

(por Juan  Correa)  Julio Arroyo ingresó en PAMER Montevideo y se vino a Mercedes, alquilando una chacra de un compañero que trabajaba en la empresa y luego a Ruta 14 y posteriormente compra en Los Arrayanes, donde reside desde aquel entonces, haciendo su casita “a martillo porque no sabía hacer mezcla” teniendo familiares en Mercedes.

Julio comenzó recordando que aquel “era un proceso de reivindicaciones de la clase trabajadora, allá por el año ’65 la economía del país venía muy mal, fueron gobiernos que nunca estuvieron al servicio de la clase popular, sino al servicio de los capitales. Se empezó a dar proceso de masas, tanto en lo sindical como en lo estudiantil, recuerdo esas grandes manifestaciones de los estudiantes, trabajadores y jubilados por querer ganar un poquito mejor, las devaluaciones eran tremendas. Me acuerdo que en el año ’68 antes que viniera la congelación de los salarios en el Gobierno de Pacheco, veníamos negociando en los Consejos de Salarios cada seis meses, era tan tremenda la devaluación que empezamos a negociar el salario cada tres meses y algo insólito que pasó es que por primera vez íbamos a los consejos salariales trimestrales y nos correspondía 48% de aumento, los obreros papeleros estábamos terceros en la escala nacional y resulta que en mayo debíamos firmar y lo estiraron a junio y nos llaman a la firma para la negociación, el 27 de junio, parece que estaba todo orquestado, nos llaman de tarde a negociar y van dos compañeros, presidente y secretario del sindicato para firmar el convenio y a la 0.00 horas del 28, Pacheco decreta la congelación de precios y salarios y perdemos 48%. Algo que nunca más pudimos recuperar, aquello de estar terceros en la escala nacional de salarios.

De ahí en adelante cada vez se hacía más difícil, tratábamos de negociar, en PAMER siempre tuvimos una patronal difícil, desde que comenzó la fábrica empezó con problemas, la prueba está en que la fábrica arrancó a producir papel en el ’38 y ya en el ’41 hubo una huelga bastante importante y la otra grande fue en el ’57 en junio, de ahí surge que celebramos todos los 10 de junio el Día del Papelero en recordación de aquel compañero Uriel Correa de los cinematográficos que estaba en la puerta de un cine y le pegan un balazo en una manifestación por el conflicto grande que teníamos”.

 

“Cuidarnos para que el sindicato no fuera clausurado”

Arroyo recuerda que se las cosas se veían difíciles “porque políticamente el gobierno de turno, era duro, puso las medidas prontas de seguridad, a su vez había surgido el grupo guerrillero en todo el país, sus principales referentes fueron los cañeros de Artigas, los trabajadores de los frigoríficos, era un conflicto atrás de otro, de importantes sindicatos que llevó a que se endurecieran las cosas allá por el ’71 y de ahí en adelante hasta que salió la dictadura que fue algo tremendo, a lo que se respondió con la Huelga General en contra de la dictadura, el 27 de junio salimos a manifestarnos en Mercedes, después la opresión militar fue muy grande y muchos compañeros quedaron por el camino y no pudimos seguir batallando, sino dentro de la ley que había, con represión y cuidarnos que el sindicato no fuera clausurado y que no pudiéramos ningún tipo de reivindicaciones para nuestra clase”.

Había dirigentes políticos “que estaban de acuerdo con la dictadura, como otros de los partidos tradicionales y de izquierda, que la combatieron desde adentro hasta que pudieron, cuando disolvieron las Cámaras y allí se vio quienes estaban acompañando la dictadura y quienes no, hubo varios políticos que siguieron gobernando al pueblo bajo la dictadura militar, que llegaron a ser presidente, intendente, a formar el Consejo de Estado, apoyando todo lo que la dictadura estaba imponiendo”.

 

“Alcanzamos una reivindicación después de 38 años de lucha”

Los papeleros –señala Don Julio- “tuvimos una particularidad, tratamos de no comprometer a nuestros compañeros que estaban en el sindicato, muchos de ellos quedaron de lado, pero siempre trabajaron en conjunto con los más nuevos, siempre estuvimos en la lucha. Hacíamos lo socialmente posible y atrás de eso estaban las reivindicaciones sindicales dentro de lo que se podía hacer en aquel momento. Siempre chocábamos porque cuando íbamos a llevar a la práctica una medida, nos llamaban desde el Comando para ver que estaba pasando, debíamos tener mucho tacto y no pisar en falso, eran tiempos muy difíciles que por cualquier cosita te llamaban desde el ESMACO. Aun así alcanzamos alguna reivindicación, hacía 38 años que la empresa no pagaba la media hora de descano y en plena dictadura conseguimos, con el asesoramiento de nuestra abogada, llevar un juicio adelante y ganarlo, algo que no era habitual en aquellos momentos, nos estaban debiendo desde hacía 38 años, pero a pesar de ello, la ESMACO la obligó a pagar a la empresa solamente desde un año atrás, pero a partir de ese momento, todos los compañeros de fábrica que hacían trabajos de ocho horas a pie de máquina, empezaron a cobrar esa reivindicaciones que hace años veníamos reclamando”.

 

“La Confederación General del Trabajo, una fachada”

Las comunicaciones al principio podían realizarse, “los controles no eran tan estrictos como lo fueron después que te pinchaban el teléfono, no existía el celular, pero la comunicación era muy fluida, podíamos hablarnos para reunirnos en un lado u otro”, dijo Arroyo.

Luego surge una mal llamada Confederación General del Trabajo (CGT) que nos vienen a conversar y participamos en algunos congresos, sabiendo donde estábamos metidos, pero la única manera de poder negociar a veces, con las patronales, aunque sabíamos que estaba todo digitado, que era una fachada, para decir que se atendía a los sindicatos, nos citaban en el ESMACO junto con la misma patronal a discutir los temas y por momentos parecía una novela porque los jerarcas militares se enojaban con las patronales porque decían que estaban fuera de la ley por una cosa u otra, nos íbamos presuntamente contentos de que podía salir alguna reivindicación y después quedaba todo en la nada, porque seguían las patronales con sus pareceres. Durante la dictadura nos fijaban un salario por IPC que según ellos era el que correspondía, y dejaban la puerta abierta para que aquella empresa que pudiera dar más aumento, pero en PAMER nunca conseguimos un peso más”.

 

“A negociar con la patronal en la ESMACO, la fantochada militar de querer quedar bien”

Lo que hoy se negocia en el Ministerio de Trabajo, en aquel momento se tenía que ir al ESMACO. La CGT la integraban seudos sindicalistas que decían pertenecer a tal o cual sindicato o a tal federación, porque la persona que nos vino a contactar era de la Federación del Riel un sindicato importante, muy poderoso, había otros compañeros de los papeleros, un  señor que trabajaba en el laboratorio de Juan Lacaze. Nosotros no nos incorporamos por ser amarillos, como si fuera arreglarnos nosotros y los demás se arreglaran como pudieran. Veíamos que podía ser una pequeña esperanza que estando con ellos, sin comprometernos en nada, poder conseguir alguna reivindicación para nuestros compañeros. La Federación estaba desarmada, perdimos los pocos contactos que teníamos, solamente manteníamos el contacto con un compañero que estaba en PAMER de Montevideo, un español que seguía con las cosas de la Federación, a escondidas en su casa, guardando todo para que el día que pudiéramos funcionar arrancáramos de inmediato y eso fue lo que pasó. Lo que queríamos es no nos clausuraran el Centro Papeleros o que los pocos compañeros que estaban en la directiva fueran detenidos, a la prueba está que nunca tuvimos un compañero detenido que no supiéramos donde estaba. Nos citaban, estábamos algunas horas en el Comando hablando con el Comandante.

 

Algunos nombres de recordados trabajadores

“Los que estábamos al frente del sindicato –rememora Arroyo- “eran los compañeros Carlos Meléndrez, Raúl Lapido, Antonio Cresci, Juan Vespa, Juan Carlos Souberville (fallecido), Uruguay Díaz, yo estuve como presidente pero el cargo no importaba, no se hacía nada sin consultar a los demás y no íbamos a ninguna reunión si no iban la mayor cantidad de compañeros disponibles. En una oportunidad querían retirar una máquina desde la fábrica, la retiraron, nos llamaron un sábado y comunicaron que el lunes ya no estaría más esa máquina, era una convertora de higiénicos, fuimos a limpiarla y a hablar con el Comando, pensando que el comandante de turno era un tal Abraham, y ese señor parecía que tenía voluntad de acercar las partes, pero resulta que se juntaba con los directores de la empresa y no sacábamos nada, era todo cuento”. 

 

“La muerte de dos compañeros y la actitud desafiante”

“Cuando tuvimos la mala suerte que murieran dos compañeros por una explosión del autoclave, la fábrica no quería ni parar por ese día de trabajo, cuando estaban velando al compañero, pero paramos igual, fue la única vez que nos animamos a jugárnosla, paramos la fábrica, más de eso no podíamos”, cuenta Don Julio.

Cuando nos llamaban al cuartel lo que querían era averiguar lo más que podían sobre alguna medida que estábamos llevando adelante. No estábamos haciendo horas extras porque era legal, nadie lo puede obligar a uno y tampoco trabajábamos los domingos. Nos llamaba y decía, “mire Arroyo tenemos una queja de la empresa que no quieren hacer horas extras, están dificultando la producción de la empresa que tiene sus compromisos” y nosotros le decíamos, no estamos haciendo medida ninguna, el obrero legalmente tiene la posibilidad de hacer horas extras, lo consultan y dice que no, no le ponemos una condición a nadie, lo que pasa es que había una conducta de todos los compañeros de cumplir lo que el sindicato resolvía”. 

 

“Un traidor para dejar secar al sol”

En esa época, recuerda Arroyo no existía gente afiliada y gente afuera del sindicato, “que es lo que está pasando ahora y que empezó a manifestarse en el regreso de la democracia. Teníamos un compañero que no estaba afiliado y jugaba en contra del sindicato, por lo que resolvimos que no viajara con los demás trabajadores en el ómnibus que era de los afiliados. Pero como pagaba una parte la empresa y otra nuestra, después de haber consultado con la abogada, nos hizo reflexionar que estábamos actuando mal porque al ser contrato de trabajo, no podíamos cortarle la libertad de trabajo, que fuera esa persona en el ómnibus porque la empresa también le pagaba.

Nos llamaron del Comando, estaba en el turno de la noche, me llama a las 11.00 de la noche y dice “lo quiero acá a las seis y media con todos los compañeros de directiva”, le dije que era muy difícil contactar a esa hora de la noche a los compañeros, me dice “ese es problema suyo, es el presidente, los quiero acá a las seis y media”. Contacté algunos y fuimos a las seis media, uno de los compañeros en la reunión se puso a mirar el diario Acción que estaba arriba de una mesita ratona, no le gustó eso al Comandante, le dijo “eso  es una falta de respeto, cómo va a estar en una conversación leyendo el diario” y el compañero le responde, “cómo no, yo lo dejo al diario, pero usted apague el grabador” y adelante nuestro apagó el grabador.

Le dije, le voy a hacer una pregunta, nos dice que no podemos tomar esta medida con el trabajador, que es libre de estar sindicalizado o no, de acatar las decisiones del sindicato o no, le pregunto, “si usted tiene un traidor en la unidad, ¿qué hace?” y la respuesta fue “yo lo dejo secar al sol en la plaza de armas”, entonces es lo mismo, le dije, somos 300 compañeros y por uno que nos traicione no vamos a dejar nuestras reivindicaciones, en alusión a que ese trabajador le había dicho que no dejábamos hacer horas extras”.

 

“Cambiaron el director de la empresa porque se preocupó por un trabajador”

La empresa en esa época, como lo decía el director ya fallecido, “está con el gobernante de turno, en ese momento era la dictadura, pero cuando volviera la democracia, ya estaban prontos para arrancar a trabajar con el gobierno de turno. La empresa está al servicio del capital, pasa siempre. El director que estaba en aquel momento era el Dr. Angel Cantoni, que también había pasado sus penurias en tiempos de guerra en Italia, ya había pasado por dictadura y era una persona comprensible en ese sentido, se la jugó por compañeros, me acuerdo que se llevaron un excelente compañero que no tenía nada que ver en el asunto, que no se metía en nada, en la hora de descanso vinieron y se lo llevaron detenido, enseguida Cantoni puso el grito en el cielo, y empezó a hablar reclamando por ello, a los dos días estaba el compañero en su casa porque no tenía nada que ver., en ese momento se la jugó por el trabajador. ¿Qué le pasó? Que ya no podía ser más el director de la fábrica, lo pusieron como director adjunto, tampoco podía firmar los cheques, por resolución de las Fuerzas Armadas. Hubo un químico que lo hicieron echar por tener una bandera del Frente Amplio pintada en techo de la casa”.

 

“La especulación era tremenda”

Lo que más lo marcó de aquella época “fue haber perdido toda la fuerza que tenía el sindicato, porque ese momento acatabas las resoluciones de la dictadura o ibas pa’ adentro, no les importaba de qué lado eras, lo que no querían es que hubiera algo que les impidiera hacer el trabajo que querían hacer.

Como ser humano me sentía disminuido, ¿cómo vamos a hacer para terminar con esto? me preguntaba, ¿qué va a pasar con la familia? porque no había las cosas de primera necesidad, tenías que hacer colas para todos, teníamos un bolichito acá en Los Arrayanes, el único comercio que hubo durante cinco años, lo cerré por culpa de la dictadura. 

Era tremendo, ibas a comprar algo al mayorista y éste te decía, no hay yerba en bolsas de 15 kilos, hay de 5 kilos si querés pero tenés que pagar un precio en boleta y otro por fuera, y había que pagarles para tener la mercadería, el tabaco te lo vendían de a cuarto kilo, no había jabones, arroz… Era la gran especulación, como el gobierno había congelado los salarios, los mayoristas jugaban a favor de ellos y nadie los tocaba. Cuando íbamos a negociar salarios, la fábrica estoqueaba papel higiénico, y en los supermercados no había, cuando negociaban el salario, al otro día entregaban el papel con precio nuevo, las Fuerzas Armadas en eso no se metían, era para extinguir la clase trabajadora”. 

 

“Asambleas con un policía en la reunión y ni en el cementerio pudimos hablar”

Siempre debían estar pendientes de no pisar en falso, “hacíamos una asamblea y teníamos que avisar con diez días de anticipación cual era el motivo y cuando íbamos a la asamblea había un policía de Investigaciones presente. Cuando murieron los dos compañeros en el accidente del auto clave, cuando se cumple el año de su muerte, uno de ellos Jorge “Piernita” López, defensor del Club Peñarol,  invita a la población para el homenaje en el cementerio, intentamos mediante avisos también por la prensa para presionar a la empresa que nos diera autorización para hacer un sermón en el lugar que había caído nuestro compañero que tanto nos dolió porque veníamos negociando para que no ocurriera ningún accidente, como queríamos resguardar ese globo, no lo habían hecho y cuando murieron los compañeros, hicieron el resguardo, una pared de concreto. Ya que no nos dio autorización la empresa, después de tres avisos en la prensa, resolvimos hacer lo mismo que Peñarol pero distinto, íbamos a llevar una ofrenda floral a cada compañero e invitábamos a nuestros compañeros, pero no con oratoria. Después que se hizo la oratoria de Peñarol, cuando se empieza a disolver la gente, había más de cien personas de PAMER y doscientas de Peñarol, habló Batlle Pozzolo, termina éste y cuando la gente se va me detienen junto con el secretario del sindicato y nos llevan a Investigaciones y de ahí al despacho del Jefe por la calle, como si fuéramos dos delincuentes, era una humillación ir por la calle con custodia. Después que estuvimos con el Jefe de Policía, Nelson Rodríguez, le dijimos que no hicimos otra cosa que no fuera llevar un ramo de flores, le preguntó al policía que estaba de custodia si habíamos hablado y le dijeron que no, por lo que nos dejaron en libertad.

Los custodias eran un señor Frodella y un señor Ortega, Frodella me quería llevar caminando desde el cementerio a Investigaciones y yo ya tenía problemas de columna me costaba caminar y pedí para ir en un auto, pero Ortega –que era el que iba siempre a las asambleas- dijo que no, que me permitiera ir en auto y un compañero me llevó. Nunca volví a hablar con ellos vuelta la democracia”.

 

“Que la juventud tome conciencia”

La reflexión que me dejó aquello, es que no sé quien habrá sido el ideólogo, porque hacer las cosas que hicieron, no me canso de pensar para qué, si dijeran que los militares llegaron a la dictadura por la guerrilla… porque la guerrilla ya había sido derrotada, los compañeros guerrilleros estaban presos, ¿a qué apuntaban? A destrozar la clase trabajadora, la enseñanza, la juventud… no se hablaba de otra cosa que ellos no quisieran hablar, nunca entendí qué eran lo que quería hacer con la sociedad. Ojalá nunca más exista una cosa así en este país, que la juventud tome conciencia de ello”.

 



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